
-“¿Dónde está el perro? ¿Y el pavo real?,¿Y dónde está ese que tiene un solo cuerno?.”
Me hubiese gustado extraer de mis bolsillos un repertorio de respuestas coherentes, pero de mis bolsillos no pude sacar ni mis manos y con esa expresión lamentable de un niño abochornado, levanté la barbilla y bosquejé un original:
-“Juraría que estaban ahí”.
Su furia no sólo no remitió, sino que estimuló el alimento de sus dudas para seguir con su retahíla de preguntas:
-“¿Qué criterio has seguido para ordenarlos?.¿No sabes que los reptiles van en otro compartimento? Agggg, ¡¡esto está lleno de mierda!!!”.
Segundos antes adiviné que era el final. Me dedicó una última mirada encolerizada y pronunció lentamente, una por una las palabras de la temida frase;
-“Noé, estás despedido”
4 comentarios:
Si es que todo es una inmensa chapuza, ya no se puede fiar uno ni de Noé.
José María
Es lo que pasa cuando se tiene un jefe tan perfecto.... bueno pensándolo bien, también pasa cuando el jefe es un inepto.
Ya me he liao.
Tú, como siempre, sorprendiendo.
Saludos.
Amiga, te superas por días. Me ha encantado, el estilo, la precisión y el contenido. Este tipo de relatos muy cortos son píldoras de las buenas.
El mundo está hecho una gran chapuza, ya lo estaba, pero ahora que el toro embiste con saña en Occidente parece que somos más conscientes. Sólo confío en que sepamos renacer de las cenizas y que al menos podamos contarlo. Y que baje Dios y lo vea, si tiene narices...Qué culpa tendrá Noé. Ni el arca nos van a dejar para salvarnos.
Sigue, me gusta mucho
Besos
Loren
jeje... Sorprendente final.
Amo los microrrelatos.
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