sábado, 15 de octubre de 2011

sábado, 23 de julio de 2011

Mis queridas Matrioskas.

Mi vecina Lola tenía una matrioska de cinco piezas, o seis. Las tenía encima del televisor, cuando los televisores no estaban a régimen, perfectamente alineadas de mayor a menor. A mí me maravillaban aquellas muñequitas preñadas, y siempre entraba en ca´Lola con la esperanza de que me las dejara. Alguna vez mis súplicas secretas eran oídas, supongo que porque no hay nada más minador de ánimos que una niña con todo el tiempo del mundo. Ese día, bajo la promesa de no romperlas, me las ponía en la falda y las iba componiendo hasta que sólo me quedaba una, luego las deshacía, y vuelta a montarlas. Otras veces les giraba la cabeza dejándoselas en la espalda, por ver cómo quedaban. Otras metía la más pequeñita en la más grande por ver cuánto de vientre le sobraba. También a veces se encasquillaban y chirriaba la madera...todavía recuerdo aquel sonido y el miedo que me daba pensar que las rompía. Y después de un rato jugando con ellas, vuelta a su hogar televisivo, y yo al mío. Entonces me volvía a casa agradecida, y preguntándome si no habría en la matrioska más chica, otra más chica...

viernes, 17 de junio de 2011

Banco de Sangre


Ella sabrá lo que hace, pero yo no la entiendo, ni entiendo cómo entre tantos diluvios no encuentre una barca. Durante tres días y esta noche he intentado disuadir su pena, ya sé que sin gloria. El Martes la llevé al campo del tío Juan, ahora que están floreciendo las adormideras, para que respirase verde y corriera por el prado enmarañando tallos en los cordones de sus zapatos. La tarde del Miércoles la pasamos discurriendo en la playa sobre arena espumada, con los pies y el espíritu desnudos para salarlos. Ayer invité a merendar a los mellizos de la vecina, tan risueños, tan rubios y tan niños, y derramaron vida a medio estrenar, por su habitación, por la mía y por debajo de los sillones. Y esta noche, derrotada, he llorado con ella, mi último exhorto. Pero a ella de nada le ha servido mi pasión por abrir sus sentidos. Ha entrado en el baño, ha cerrado la puerta, ha abierto un grifo. Ahora no la oigo. En la cocina falta un cuchillo.

martes, 19 de abril de 2011

sábado, 2 de abril de 2011

Caracol-hombre en París.


Hubo luna llena en París pero no vi ni un solo hombre lobo, ni uno solo. Ni rastro del Denís rodando por los bares del Bulevar, ni alojado en ningún sucio hostal. Sin embargo, a la otra mañana, encontré las calles de París llenas de caracoles humanos que vivían con todo lo que tenían en la vida a cuestas. Hombres y mujeres caracoles sin más cobijo que su propia concha, arrastrados por el suelo buscando hendiduras de sol que les calentase el alma.


Murió el hombre lobo en París. En París sólo quedan hombres caracoles.