miércoles 11 de enero de 2012

El beicon se repite.

     Y también me repito yo. Este texto es producto de una tarea de la Escuela de Letras, pero el blog de la Petra Pan no solo vive de aire, y aire es lo único que tengo últimamente en la cabeza. (La tarea consistía en realizar un texto con la frase de inicio "Aquella mañana, Dios se levantó malhumorado y me pidió de desayunar un par de huevos con beicón" y con la frase final; "por suerte, el helicóptero ya no estaba allí").


         Huevos con Beicon

        Aquella mañana, Dios se levantó malhumorado y me pidió de desayunar un par de huevos fritos con beicon. No me sorprendió, cuando se enfada engulle calorías a mansalva en perjuicio de su incipiente colesterol, pero había algo en su porte que me resultaba extraño. Desde hacía unas semanas había notado cierta sátira en sus palabras, y más de una vez tuve que persignarme después de que soltara algunas salidas de tono. Reconozco, Ave María purísima, que a veces me volvía para que no me viera reír, y era entonces cuando aprovechaba para darme un cachete en el culo y sacarle la lengua a mi cara de espanto. Cuando le pedía que se arrepintiera de sus pecados, me culpaba por pasearme escasa de ropa, pero es que en esos días de Noviembre en casa no se podía parar de calor. Los domingos se encerraba en el baño, durante horas, y desde la cocina podía oír sus risas y difamias extravagantes que yo atribuía a su mortificación por el estado lamentable de la fe en el mundo. Luego salía del baño feliz, sin rastro de furia, con un intenso olor a azufre y con unas enormes ganas de copular (Ave María purísima).

         Aquella mañana, digo, en la que se levantó extrañamente malhumorado, todavía con el brillo grasiento del beicon en la barba, me confesó que él no era mi Dios, pero que por mí cambiaría su tridente por mis tenedores de picnic.

        Esa tarde mi esposo volvió a casa después de un mes de cónclave en la tierra. Llegó abatido, desalentado y pesimista, y a mí además me pareció molestamente rutinario. Y es que para mí, ya se habían transformado en inolvidables los recuerdos que parieron aquellos días diabólicos. 

       Después de pensármelo largamente durante dos minutos, dejé a Dios comiendo el puchero y salí corriendo hacia el helipuerto. Por el camino recé porque el helicóptero destino al infierno aún no hubiese despegado, porque alguien me esperara, porque pudiera dilatar infinitamente mi nueva dicha. Y mis rezos fueron oídos...sin acordarme de que Dios era mi marido. En ese instante una luz cegadora apareció entre las nubes y un relámpago de fuerza descomunal cayó sobre la pista de aterrizaje, pero por suerte, el helicóptero ya no estaba allí. 

martes 6 de diciembre de 2011

Recuperando la mitad



No me mires así que también levitan mis tripas. Desarropa la parte esencial de tu medio armario, espúlgate  de una vez la vergüenza y salgamos antes que se despierten tus hijos. Yo también tengo miedo,  pero no más que el que  me da esta vida de ciencias exactas, no más que cuando pierdo tus huellas y creo caerme de este sueño.
La noche tirita pero no tengo frío. Arranco el coche en dirección a otra vida. Mientras, el calor de su mano menuda se asienta en mi hombro, luego desvía  una lágrima.
Al fin solas. Al fin solas y perdonadas.

sábado 15 de octubre de 2011

sábado 23 de julio de 2011

Mis queridas Matrioskas.

Mi vecina Lola tenía una matrioska de cinco piezas, o seis. Las tenía encima del televisor, cuando los televisores no estaban a régimen, perfectamente alineadas de mayor a menor. A mí me maravillaban aquellas muñequitas preñadas, y siempre entraba en ca´Lola con la esperanza de que me las dejara. Alguna vez mis súplicas secretas eran oídas, supongo que porque no hay nada más minador de ánimos que una niña con todo el tiempo del mundo. Ese día, bajo la promesa de no romperlas, me las ponía en la falda y las iba componiendo hasta que sólo me quedaba una, luego las deshacía, y vuelta a montarlas. Otras veces les giraba la cabeza dejándoselas en la espalda, por ver cómo quedaban. Otras metía la más pequeñita en la más grande por ver cuánto de vientre le sobraba. También a veces se encasquillaban y chirriaba la madera...todavía recuerdo aquel sonido y el miedo que me daba pensar que las rompía. Y después de un rato jugando con ellas, vuelta a su hogar televisivo, y yo al mío. Entonces me volvía a casa agradecida, y preguntándome si no habría en la matrioska más chica, otra más chica...

viernes 17 de junio de 2011

Banco de Sangre


Ella sabrá lo que hace, pero yo no la entiendo, ni entiendo cómo entre tantos diluvios no encuentre una barca. Durante tres días y esta noche he intentado disuadir su pena, ya sé que sin gloria. El Martes la llevé al campo del tío Juan, ahora que están floreciendo las adormideras, para que respirase verde y corriera por el prado enmarañando tallos en los cordones de sus zapatos. La tarde del Miércoles la pasamos discurriendo en la playa sobre arena espumada, con los pies y el espíritu desnudos para salarlos. Ayer invité a merender a los mellizos de la vecina, tan risueños, tan rubios y tan niños, y derramaron vida a medio estrenar, por su habitación, por la mía y por debajo de los sillones. Y esta noche, derrotada, he llorado con ella, mi último exhorto. Pero a ella de nada le ha servido mi pasión por abrir sus sentidos. Ha entrado en el baño, ha cerrado la puerta, ha abierto un grifo. Ahora no la oigo. En la cocina falta un cuchillo.

martes 19 de abril de 2011

Planes para la Santa Semana.




FORGES.


¡Felices Vacaciones Santas!

sábado 2 de abril de 2011

Caracol-hombre en París.


Hubo luna llena en París pero no vi ni un solo hombre lobo, ni uno solo. Ni rastro del Denís rodando por los bares del Bulevar, ni alojado en ningún sucio hostal. Sin embargo, a la otra mañana, encontré las calles de París llenas de caracoles humanos que vivían con todo lo que tenían en la vida a cuestas. Hombres y mujeres caracoles sin más cobijo que su propia concha, arrastrados por el suelo buscando hendiduras de sol que les calentase el alma.


Murió el hombre lobo en París. En París sólo quedan hombres caracoles.


martes 8 de febrero de 2011

Diluvio


Detrás del bombardeo llegó una tormenta infinita que tiñó de escarlata las aceras y arrastró la sangre compañera hasta las rejas de las alcantarillas. Dos días de diluvio fueron suficientes para anegar uno por uno los agujeros de metralla en las carnes muertas sobre el alquitrán, y dos menos para limpiar la tizne en las conciencias enemigas.

Para entonces alguien se había apiadado de nosotros. Por primera vez tuvimos suerte en aquella guerra, nuestros cuerpos ya estaban enterrados.


domingo 10 de octubre de 2010

Negocios macabros.


Algunos de mis amigos lloran desde lejos, otros se acercan al cristal y desde la comisura de mis ojos veo cómo me miran lánguidos, desconsolados, curiosos. A mi madre no la veo, pero la supongo rendida y abandonada en el sofá.

Susana ha entrado despacio, moviendo la cabeza al compás del volante de su impoluto traje negro, y como habíamos acordado, a seis baldosas de mí se abre el telón de su teatro y empieza su cantaleta de lloros y preguntas sin respuesta a un dios que no conoce.
Casi me río cuando entre lágrimas postizas me guiña un ojo, eso es que la compañía de seguros ha cedido. Nunca me había alegrado tanto estar muerto.

jueves 23 de septiembre de 2010

Tardes televisivas


En la primera sala una enjunta mujer teñida de rojo sostenía una rata por la cola y se la acercaba repulsivamente a la boca, entonces de la de mi primo salió un ruido que bien podría haber sido una tos o una arcada;

-"que azco quillo, vamonó de aquí".

Al otro lado estaba el pirado del coche que hablaba, demasiado fantástico, y dos puertas más allá, un grupo de energúmenos en semicírculo discutían a gritos sobre algo que nosotros, ni ellos, entendíamos. Aquella tarde nada nos gustaba.

"Vamono tío, ezto eh un tramojo"- y yo le hice caso a mi primo, que para eso es mayor que yo.
Nos colocamos frente de la cristalera por dónde habíamos entrado, y con medio paso atrás conseguimos el impulso para saltar sobre el sofá de la salita antes de que llegara mamá con la merienda, ella odia que nos metamos en la tele.

miércoles 8 de septiembre de 2010

También son amores



Rodolfo hablaba a veces, pero yo sólo lo entendía cuando soplaba viento de poniente.
Le llamé Rodolfo por un tío mío que tenía la piel casi tan verdosa como él, y tres veces al día, le llevaba al sitio donde le encontré, un termo de leche caliente con migajones. Supe que su familia vivía en el llano de detrás del pabellón, oculta entre matojos, pero nunca le pregunté por ella ni por su vida ni le conté de las mías, en cambio compartimos días con sus horas, confidencias y el tablero del parchís.

Una noche de poniente se despidió con la certeza de no volver, y yo desanduve el camino como si llevara todos los migajones pegados en la garganta y el Pacífico en el lagrimal, sin imaginar que Rodolfo se presentaría en casa al otro día, a la hora aciaga de las visitas.

Mi vecina de la derecha, que siempre tiene cuatro de sus siete orejas pegadas a mi pared, preguntó en portería quien era ese tipo raro que paraba con su vecina de la izquierda, pero al parecer, para martirio de su curiosidad y alivio de mi zozobra, nadie le vio entrar.

Aquella misma tarde en el noticiero de las tres cuatro chiquillos frenéticos aseguraban haber visto un platillo volante aparecer por encima del pabellón y alejarse a una velocidad inhumana.
-"Rodolfo, ¿cuánto te quedas?”,
-"Serán sólo unos días", -me dijo, pero yo ya sabía que se quedaría a vivir.

martes 31 de agosto de 2010

VOLVER

A menos de dos horas del primer día de Septiembre, me siento como si fuese el día 31 del último mes del año, pero sin uvas. Precisamente hoy ya me he sorprendido diciéndome, "mañana empiezo el régimen, mañana voy a correr, mañana desempolvo la bicicleta, mañana me pongo las pilas en el trabajo, mañana vuelvo a escribir, mañana ordeno el armario (y además nunca jamás dejo que se vuelva a desordenar), mañana dejo la ropa preparada por la noche, bla bla bla, y así, sin querer, se me han resbalado cien propósitos, los mismos cien propósitos de siempre perfectamente alineados y renovados dos veces al año. Como ya conozco el paradero último de mis anodinas pero siempre inalcanzables aspiraciones, publico mi compromiso de volver a este blog, y solo así, sintiéndome en deuda, me veo capaz de liberar al "propósito de escribir" del sempiterno "propósito".




Esperad que no encuentro las llaves...ya está, ale, entrad, estáis en vuestra casa.

domingo 11 de julio de 2010

Campeones!

Mañana el despertador volverá a sonar a la misma hora programada desde hace casi quince años, mañana volveré a echar gasoil al coche y esperaré el mismo tiempo por hacerme un hueco entre la marabunta de coches que a esa hora tienen las mismas necesidades que el mío. Mañana me encontraré los mismos papeles que dejé sobre la mesa el viernes pasado, los mismos impuestos, los mismos descuadres. Mañana volverá a ser todo igual, ni más ni menos que los mismos problemas, la misma España en crisis, la misma crisis de espíritu, pero aún así, hoy, en este momento dejadme que grite una vez más...

CAMPEONESSSS!!!!!

Un brindis por los que han conseguido lo que no consiguen muchos, que un país olvide por unas horas las penas y miserias, los enfrentamientos vecinos, las diferencias y las trabas. Y un brindis para que este sentimiento de unidad nos duré algo más que la celebración.

domingo 20 de junio de 2010

Benditas cabezaítas

La "cabezaíta" es el estado de placer momentáneo más natural e inofensivo que conozco (bueno, se conocen otros pero hoy es el momento de la cabezaíta).

Empiezan las piernas a hacerse pesadas, se destensan los músculos, se caen los brazos, los ruidos se hacen lejanos, murmullos si acaso. El bienestar se va instalando poco a poco en todos los huecos, se cae el cuello, se van hilvanando los párpados, se cosen dos milésimas después...y en cuestión de segundos nos aborda un sueño placentero que nos pasea por el paraíso entre flores aromáticas de mil colores techadas por un cielo azul princesa, sin importarnos donde estemos, quien nos mire, o si nos roban las baratijas que estamos vendiendo.
Pasado un minuto, ni más ni menos, algo que no sabemos nos despierta con violencia y se descosen los párpados, se levanta el cuello, nos inunda el desasosiego de habernos dormido, los ruidos se hacen cercanos, molestos, se tensan los músculos. Y es entonces cuando miramos a todos lados importándonos ahora quien nos mira y quien nos habrá mirado, y consultamos el reloj, y nos preguntamos ansiosos si nos habrán robado alguna baratija.

miércoles 19 de mayo de 2010

¿Por qué damos limosnas?


Estoy leyendo "Rapsodia Gourmet", de la escritora de "La elegancia del Erizo", Mauriel Barbery. Esta tarde leí unas páginas en las que un indigente describe desde su posición, los dos tipos de viandantes que él distingue. Inmediatamente yo me ubiqué en el primer grupo (con salvedades y con vergüenza), no puedo negar una limosna pero tampoco hago nada por erradicar la miseria, y luego me pregunté cual era la verdadera intención de la limosna, ¿la damos por aliviar corazones o por callar conciencias?, ¿por sincera generosidad o por evitarnos la molestia de negar?, ¿entregamos altruístamente o esperando alguna clase de recompensa?. Es curioso pero ahora mismo yo no sabría contestarme. ¿y tú?


Este es parte del texto que me ha hecho meditar, no se lo pierdan;

"Hay dos categorías de viandantes. La primera es la más corriente, aunque tiene ciertos matices. No cruzo nunca la mirada de éstos, o si acaso fugazmente, cuando me dan una moneda. A veces sonríen un poco, pero se les ve incómodos, y se alejan deprisa. O si no, no se detienen siquiera y pasan lo más rápido posible, su mala conciencia los atormenta durante cien metros (cincuenta antes, cuando me ven de lejos y se apresuran a mantener la cabeza fija en la otra acera hasta que, cincuenta metros después del harapiento, ésta recupera su movilidad de costumbre), y después me olvidan, vuelven a respirar libremente, y la punzada en el corazón que han sentido, de compasión y vergüenza, se va difuminando. [...] ...Que se vayan a la mierda esos burgueses que se las dan de socialistas, esos que quieren todo; su abono para el concierto en el Châtelet y que se salve a los pobres de la miseria, tomar el té en Mariage y la igualdad para todos los hombres, sus vacaciones en la Toscana y que desaparezcan de las aceras los aguijones de su culpabilidad, pagar en negro a la asistenta y que todo el mundo escuche sus discursos de defensores altruista, ¡El Estado, El Estado! ¡Es un pueblo analfabeto aquel que adora al rey y sólo acusa a los malos ministros corruptos de todos los males que lo aquejan!… […]


Y luego está la otra categoría; la de las malas bestias, los auténticos cabronazos, los que no aprietan el paso , no apartan la vista, al contrario, me miran fijamente con sus ojos fríos, y despiadados, ahí te pudras, me trae sin cuidado, allá tú si no has sabido pelear por la vida, ninguna indulgencia para con la escoria, para con la plebe que vegeta entre sus cartones de subhombres, para ellos no hay cuartel, o se gana o se pierde, y si crees que me avergüenzo de mi dinero estás muy equivocado…[…]

miércoles 7 de abril de 2010

Un agradecimiento


Gracias a la melodía de eslabones contra vírgenes doradas que siempre anticipan tu presencia, aún sin tu presencia.

A tú sonrisa analgésica,

a tu caricia fragante,

a tu palabra justa.


A la entrega, el valor, la vida.



Gracias a tu mensaje certero capaz de mitigar penas y ensalzar primaveras, aún no siendo primavera.


A tu cobijo balsámico,

a tu generosidad paliativa,

a tu olor que es solo tuyo.


Al consuelo, la calma, el silencio.


Gracias a la enfermera, la maestra, la amiga, el ejemplo la confidente, la aliada, la compañera, y a todo eso que eres tú, aún siendo solo madre.


A mi madre, a todas las madres.

domingo 28 de marzo de 2010

Mi querida Rosi...Parte III y última.


Algunos meses después, cuando el desligue de Rosi me lo permitió, y mis relaciones se dilataron, conocí a Julio. Era compañero de clase, pero no había reparado en él hasta que lo vi en la cola que nos llevaba todas las mañanas al café que nos mantenía en vigilia el resto del día. Me llamó la atención porque me pareció muy apuesto. Julio era un chico alto y fornido y tenía dos hileras de dientes perfectos embalados por unos carnosos labios de pecado. El resto de sus facciones no eran especialmente atractivas, pero en su conjunto se tornaban algo menos que irresistibles. Por todas esas cualidades, me quedé roja y muda como un pavo cuando me habló por primera vez, aún así, se ve que no le caí mal, porque desde aquel día coincidíamos con una frecuencia sospechosa y mi timidez inicial dio paso al desparpajo al que me invitaba su agradable camaradería.

Rosi, que se percató de inmediato de la situación, se encargó de tramar una enrevesada maniobra de alejamiento y para mi asombro, como si del cortejo de un pavo real se tratara, desplegó atrevida el colorido de su plumaje para llamar la atención de Julio, no sé bien si por beneficio propio, o por el simple goce de agraviarme. Simulaba pérdidas de memoria súbitas para defenderse cuando la recriminaba por no haberme dado el recado que Julio le dio para mí, se inventaba los defectos que no tenía, o al menos que yo no veía, y se empleó tanto en ellos que casi llegué a creerlos. Se convirtió en la molesta mosca que todo lo fastidia y la cegaron los celos. Para mi desesperación, se volvió repulsivamente encantadora con el resto del mundo, y conmigo, no pudo evitar delatarme con su mirada las ganas que tenía de darme en uno solo, todos los cogotes que en mi infancia di por ella. No varió su físico en demasía, tan sólo su coleta grasienta por un corte de moda, pero adquirió la pose de un felino, altiva y elegante, segura de sí misma, y con esa seguridad, se disculpó ante mis reproches revelándome que con su actitud intentaba evitar que me encaprichara en exceso y así ahuyentarme de las garras de lo que ella auguró mi primer desengaño amoroso, y yo, crispada de rabia, amenacé con lapidarla si seguía molestándome pero demostró poco aprecio por su vida, o lo captó como una exageración, porque hizo caso omiso a mis advertencias, y no sólo siguió con su empeño, sino que logró seducirlo con toda su fealdad, obsequiándome con la traición más humillante. Dejó de necesitar mi escudo, que era lo único que nos había unido tiempo atrás, y con el cese de mi misión terminó nuestra amistad.

En el final de cualquier historia medianamente lúcida, Rosi no hubiera conseguido más que ridiculizarse y yo me hubiera nutrido de perdices con Julio por el resto de mi vida, pero sustento una vez más la dudosa dicha de ser la excepción, y en pago a mi dedicación, Rosi enamoró a Julio, se casó con él y son repugnantemente felices, y yo, que sigo soltera, y sin ánimo de dejar de serlo, me quedo mirando su cara de desprecio cuando me cruzo con ellos, y al pasar por su lado, inconsciente y susurrante, le digo tres veces “fea”, por las humillaciones, las enemistades, los bocatas que comí en la solitaria esquina de la clase, los castigos, los enfrentamientos, la reputación perdida y el calor que todavía conservo en la palma de mi mano...Fin.

sábado 20 de marzo de 2010

Mi querida Rosi...parte II


Me dediqué durante los años de mi niñez a corretear y sacudir a cualquiera que osara insultar a Rosi en mi presencia, y la rara vez que yo no estaba presente, ella se encargaba de hacérmelo saber con la sutileza y disimulo que obligaba su exceso de orgullo. Hizo de mí, con el despotismo y la altanería que sólo utilizaba conmigo, su fiel lacaya, dispuesta a defenderla aún a costa de mi maltrecha reputación.

Rosi tenía literalmente dos dedos de frente. Entre el triángulo que anunciaba el nacimiento de su cabello y el bache de su entrecejo, no distaría más de tres centímetros. Los ojos parecían una par de madrigueras oscuras, y en el fondo, más al fondo, dos granos de café. Su nariz, ligeramente ladeada, estaba dividida en el centro por un hueso emergente, y no guardaba simetría en tamaño con el resto de la cara, sino que se exhibía prominente, tanto que casi ocultaba en su totalidad la raya de trazo fino que tenía por boca. Su pelo era encrespado, mantecoso y del color de la castaña, atado siempre con una goma azul deshilachada, a la altura de la nuca. Vestía con ropas anchas que ocultaban su abultado vientre, al menos hasta que una ráfaga de viento las ceñía a su cintura.

Cuando la edad me dio el suficiente civismo, y me hice cargo de mi supuesta condición de señorita instruida, con no más de quince años, me armé con la paciencia que nunca tuve y sustituí mis golpes infantiles por teorías espirituales y lecciones de moral que ni yo misma creía, pero que surtían un asombroso efecto y lucían más elegantes que mis ridículos berrinches, aunque bien es cierto que mis particulares correctivos se redujeron porque a esa edad, la sinceridad se hacía menos transparente y se extendía un pequeño pero justo velo de cierto reparo entre los vejadores.

Coincidimos en la elección de licenciatura, allá por el año ochenta y uno, cuando los pantalones de pitillo elásticos nos ahogaban y las hombreras de las chaquetas de chorreras nos hacían parecer rudos jugadores de béisbol. En aquel tiempo, Rosi pareció haberse inmunizado ante las risitas burlonas y las indiscretas miradas, empezó a entablar con soltura y no volvió a pedir ni mi auxilio ni mi compañía. Entre tanto yo, que necesito ver el suelo para saber que me he caído, seguí ejerciendo mi cometido voluntario de protección, y justifiqué su reacción ingrata con un estado transitorio de aturdimiento... continuará

sábado 13 de marzo de 2010

Mi querida Rosi...Parte I


La ocurrente madre de Rosa María de las Mercedes, tardó tres meses en decidir tan generoso nombre, tres minutos en adjudicarlo y tres segundos en convencerse de que semejante derroche de imaginación se reduciría en la voz de la gente a un escueto “Rosi”.

Rosi Montes de Villaseca, que tenía nombre de aristócrata y regencia de plebe, nació una original mañana fría de Agosto en el último pueblo de la provincia de Cáceres. Dicen que lo hizo de nalgas, y que el parto duró más de lo previsto, razón por la cual, llegó al mundo con la piel arrugada como una pasa y el color de la mora madura. Los que asistieron a tal evento no se amilanan al admitir que no conocieron recién nacido más feo y deforme, y cuarenta y tres años después del alumbramiento, que el paso del tiempo sólo logró aumentar algo su estatura, mucho su peso y aclarar el color violeta de su piel.

Para mí y mi peculiar gusto, Rosi no era más que una persona de disimulada belleza, pero nada destacable ni demasiado inusual, aunque reconozco que mi indulgente opinión sobre ella tenía mucho que ver con la maña adquirida, porque crecí mirándola y porque la falta de belleza también vivía en el hueco de mi espejo.

Haber compartido con ella año de nacimiento y primer apellido, me adjudicó la obligación escolar de sentarme a su lado en clase de párvulo, y la moral de hacerlo en todos los cursos que le siguieron, que no fueron pocos.
Me adecué con más paciencia que esfuerzo a su agrio carácter, y cuando las sinceras y viperinas lenguas de los compañeros se mofaban de sus defectos a golpe de grito, yo me levantaba el traje a la altura de las rodillas y corría a la velocidad que lograban mis escuálidas piernas. A veces los alcanzaba y les daba tremendo cachete, que por el color y el calor que me dejaba, y la risa que ellos mostraban, suponía que padecía más la palma de mi mano que sus cogotes. A veces no llegaba a cazarlos, porque mi carrera era detenida bruscamente por el maestro de guardia que me sujetaba por un brazo, más arriba del codo, y casi sin poner pie en el suelo, me soltaba en el despacho del director, que resignado, me obsequiaba con el castigo al que me tenía acostumbrada. Era entonces cuando pasaba tres días sin recreo, en el último rincón de la clase, con un bocadillo de chorizo untado en una mano, y con la otra haciendo aspavientos para apartar las molestas avispas que en la época estival se reunían al olor copioso de mi desayuno...continuará

sábado 13 de febrero de 2010

La Fragilidad del Amor (Osho)


Os traigo un texto que me gustó de Osho, aprovechando mi necesidad acuciante de sentirme activa y cerca, la proximidad del día más amorosamente comercial del año, y la falta de inspiración que últimamente me está azotando. Espero que os guste.

La Fragilidad del Amor

No penséis que el amor es eterno. Es muy frágil. Es tan frágil como una rosa. Por la mañana está ahí, y por la noche se ha ido. Cualquier cosa pequeña puede destruirlo. De hecho, cuanto más elevada es una cosa, más frágil es. Ha de ser protegida. Una piedra permanecerá, pero una flor desaparecerá. Si arrojáis una piedra contra una flor, la primera no saldrá dañada, pero la segunda será destruida.El amor es muy frágil y delicado. Hay que ir con mucho cuidado con él. Se puede causar tanto daño como para que la otra persona se cierre y se ponga a la defensiva. Así es como nos cerramos. Si lucháis demasiado, el otro comenzará a escapar de vosotros; se tornará más y más frío, más y más cerrado, para no volver a ser vulnerable a vuestro ataque. Entonces lo atacaréis más porque os resistiréis a esa frialdad. Se puede convertir en un círculo vicioso. Y así es como se separan los amantes. Se alejan el uno del otro y creen que el otro es el responsable, que el otro los ha traicionado.De hecho, tal como yo lo veo, ningún amante ha traicionado alguna vez a nadie. Es solo la ignorancia la que mata el amor, nadie lo traiciona. Los dos querían estar juntos, pero, de algún modo, ambos eran ignorantes. Su ignorancia les jugó malas pasadas que se multiplicaron.

Osho


La foto está hecha bajo los últimos rayos de sol de verano que tanto echo de menos, en un rinconcito de playa gaditana.

martes 26 de enero de 2010

A mi gavina triste


El abuelo Francisco encontró una carta de amor debajo de su colchón. La descubrió aplastada sobre los hierros rancios del viejo somier cuando buscaba un calcetín con ardor de independencia. La bajó a la cocina entre turbado y mohíno y nos la enseñó con el ánimo de encontrar una respuesta niña que le aliviara el lastre de sus celos. El sobre estaba ajado, ambarino por sus bordes y en el centro, con una caligrafía cervantina cuatro palabras, "A mi gavina triste". Dentro, dirigidos por un "Cádiz, Veinte de Septiembre de Mil novecientos treinta y ocho" habitaban veintitrés promesas de amor infinito, tres deseos febriles y una plegaria, "por favor, nunca me olvides". En el pie, "con todo mi amor, Francisco López" y una rúbrica, que aunque lozana y viril y ahora como escrita en papel sobre esponja, reconocimos como la firma del abuelo.
La abuela no dijo nada, hastiada como estaba ya del desgaste del recuerdo, se quedó de espaldas, enredando entre cacharros de cocina y del humo que afloraba de las ollas hizo una cortina para que no viésemos llorar a la gavina triste.

jueves 14 de enero de 2010

Todos los días al sol


y al viento, y al frío y a la lluvia...

Anoche me acordé de este señor que fotografié a las puertas de las Cuevas de Aracena, y me pregunté dónde se estaría resguardando de este diluvio y de las noches de frío. Me pregunté qué sería de tantas y tantas personas que no tienen más techo que un cartón, ni más casa que un portal.

Y me desperté hoy con verguenza por quejarme de los patios anegados, de la humedad de las paredes, de los cristales empañados, de las fotos que se arrugan, de la ropa que no se seca.

miércoles 6 de enero de 2010

Regalo Saudade


Los Reyes Magos me trajeron toneladas de Saudade, en cajas de 5 kilos selladas con cinta marrón de embalar. Me las encontré esta mañana en el salón, por debajo de la mesa, junto a la estantería y detrás del sofá, estaba todo lleno de saudade.

Una señal del esquivo sol me invitó a salir a la calle, y sorteando la maraña de bicicletas con cuatro ruedas, paseé mi nostalgia con esmero, como las niñas paseaban sus carritos de capota, con la absoluta seguridad de que ni en todo el mundo habría uno mejor. Luego el cargo de la añoranza me resultó algo incómodo, me impedía reír con normalidad, y ya para cuando mis sobrinos me pidieron jugar al fútbol con ellos, el peso de mi saudade se había multiplicado en mi espalda. En dos horas estaba empachada de tanta melancolía, y eso que a ratos se fugaba a borbotones por el iris de mis ojos.

Ahora, acabando el día, la añoranza atraviesa mis tejidos y empieza a doler. Ya no me sienta bien este desasosiego, me esclaviza el pecho con su constante presión. Y miro a mi alrededor y no veo más que cajas de saudade esperando a que las abra, no veo más que cajas, cajas y sus sombras.

Por eso regalo saudade, en pequeñas dosis que no duelen, a quien busque inspiración, a quien desee una pausa, a quien pretenda desinfectarse, a quien la necesite. Regalo el sobrante, que es mucho, porque mi despensa está a reventar de mercancía. Tengo tanta que me temo que si no voy arriando la carga, ni en todo el año me desprenderé de esta saudade.



"El texto es completamente verídico (para mí desgracia), y la imagen está hecha en uno de los maravillosos callejones de Lisboa, la cuna de la Saudade"

viernes 25 de diciembre de 2009

Juegos dementes

-Esta vez no erraré el tiro.
-Eso espero, no tenemos mucho tiempo, le dije.
-Ya lo sé idiota, no necesito que me lo recuerdes.

Le odiaba, aborrecía su forma de tratarme, y me odiaba a mí por haberlo seguido siempre como la rata inmunda seguía a un fracasado flautista de Hamelín. Era en aquellos momentos cuando intentaba encontrar de entre mis horas, el minuto en qué decidí dejarlo todo por aquel monstruo y adentrarme en la espiral de este juego demente, pero ese minuto nunca aparecía, por mucho que hurgara entre las telarañas de mis recuerdos.

Volvió a apoyar media cara sobre la culata y cerró el ojo de la otra media. Con el último eco del disparo se oyeron gritos y revoloteo de palomas, sin duda esta vez lo había conseguido.

-Bingo!, un hijo de puta menos.

Se acercó eufórico para darme un beso, pero yo aparté mi cara por encubrir la lágrima que se me desbandó al tachar de la lista el nombre número doce.

viernes 18 de diciembre de 2009

Búsquedas incorrectas


-“Busco a un hombre que no tenga pelos en los dedos, que no llore y por supuesto, que no mueva el bigote al hablar”.
En los cinco años que llevaba como encargada de la agencia matrimonial había oído todo tipo de inclinaciones y preferencias, pero poquitas superaban las excentridades de aquella mujer. Revolví los expedientes aún sabiendo que no encontraría ninguno con aquellas características, solo por el hecho de retenerla unos minutos más y seguir disfrutando del aleteo nervioso de sus manos de satén. Poco más tarde le confirmé el resultado nulo de la búsqueda.

Toda una noche pensando en ella me dio para marcar su número a la mañana siguiente: “Señora, tenemos alguien de su interés”. Lo tenía todo controlado, incluso había logrado inmovilizar el labio superior al hablar, ahora sólo me quedaba convencerla de que buscaba una mujer.

jueves 3 de diciembre de 2009

¿Cuántos añitos cumple mi niño?


Hoy entiendo más que nunca a las madres, padres, abuelos y tíos que rogando en silencio que su pequeña criatura se aventure al dificultoso gesto de levantar el dedo índice, les pregunta...¿Cuántos añitos cumple mi niño?.

Entonces se hace el silencio, todas las miradas se posan intermitentemente sobre las manos y la cara del niño. El progenitor siente que se queda sin pulso durante los segundos en los que el protagonista decide cuántos dedos y cuales son los que tiene que levantar....y al fin se produce el milagro, como por arte de magia, se alza un minúsculo dedo como señal inequívoca del primer aniversario.

Y digo que entiendo el orgullo, porque mi blog, que también es vuestro, cumple un año, y porque no tiene manos que si no...¿cuántos añitos cumple mi niño??

Gracias a ti, a ti, a ti, a ti también, a ti que me sigues, a ti que me animas, a ti me que criticas, a ti que me lees, a ti que no...Gracias.

domingo 22 de noviembre de 2009

Vieja Marioneta



He aprovechado el desorden de un imprevisto desacuerdo para salir, ni siquiera he cerrado la puerta para que no se enteren de que me he marchado. Llevo las babuchas de paño y encima del camisón, el primer abrigo que alcancé del perchero, en uno de sus bolsillos encuentro la cartera de mi hijo Julio.
La noche está oscura y callada, como queriendo llorar. Sobre cicatrices asfaltadas arrastro mis pies mientras con la vista registro las calles yermas en busca de un espacio donde reposar mis huesos añejos. Una casapuerta confortable, el cajero de un banco o la portería de un bloque de pisos, es todo lo que quiero encontrar, me da prisa pensar que de nada me servirán estas babuchas de paño si se mojan.

El año pasado ya supliqué no volver a aquel infierno, y ellos me lo prometieron, pero ahora quedan solo días para el buen tiempo y con él, el tiempo de olvidar promesas, de permutar ideas, de mis últimas imposiciones. Ahora son ellos mis padres y yo la niña insulsa que no sabe discernir entre lo que necesita y le conviene. Ironías de la vida, aquellos mocosos que pedían meterse en mi cama, ahora se sienten con potestad para elegir la cama en la que debo meterme yo.

Mientras acomodo mis carnes en ruina sobre la alfombra de un zaguán, me pregunto cuánto tardarán en darse cuenta de mi huída, cuando dejarán de tramar mi futuro para percatarse de que ha desaparecido la vieja marioneta de su juego de adultos.

domingo 15 de noviembre de 2009

Paradojas


Un pájaro sin alas me enseñó a volar
Un político a no mentir
Un caracol a correr, un pez a caminar
Un egoísta a compartir.

La prisa me regaló su tiempo
El preso, su libertad
El alma, su tacto y su cuerpo
La mentira, su verdad.

Un cobarde quiso que luchara
Un ateo que creyera
un pío que pecara
Y tú, que te quisiera.




Mis primeros pasitos en el desconocido mundo de la poesía, sean ustedes benévolos y constructores.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Reír por no llorar...

Y es que no es para menos. La tasa de paro hace tiempo pasó a la zona de alarma, teniendo en cuenta que, para más inri, ya está paliada por una gran cantidad de trabajos precarios. Hipotecas de 40 años que pronto no podremos pagar, aderezado con el aumento de impuesto que aminorará, aún más, nuestro poder adquisitivo. Para colmo de males, cada día nos enteramos de un nuevo caso de corrupción política. ¿Puede la situación tornarse más frustrante?. No me digan que no es para llorar hasta llenar pantanos...menos mal que Forges ya encontró el contrapunto humorístico a tanta calamidad. Ustedes lo disfruten.






jueves 29 de octubre de 2009

El secuestro de la Justicia


Tres años atrás, aquel malnacido que simuló ser un ginecólogo distinguido, me había entregado el feto en una botella de plástico sin gollete como si de un vaso canopo se tratara, asegurándome que no pudo hacer nada por salvar a la criatura. Dos días después moriría la madre.

Ahora, al fin, estaba sentado en el banquillo de acusados. Mientras su abogado lenguaraz versaba sobre la inviabilidad de que el hecho se debiera a una negligencia médica, el asesino de mi media vida se hurgaba las uñas como si aquello no fuese con él.

El jucio fue corto y tupido, cargado de gestos cómplices ajenos a mí y en unos quince minutos de reloj, la resolución del juez cayó incómoda como chinchetas sobre cesped: "Inocente"

Abandonó la sala jactándose por su suerte e insultándome con el gesto inequívoco del triunfo, sin imaginar que yo, desde hacía unos minutos ya acariciaba el frío metal de mi pistola.

jueves 22 de octubre de 2009

Enemiga conciencia


El hombre luce una inquietante sonrisa, y su vista esquiva inspecciona cada una de las cámaras, las que sabe que están ahí. Por sus movimientos torpes y nula destreza adivino que es la primera vez que lo hace. Para colmo de males lleva un niño en sus brazos, que llora a ratos señalando un capricho. Entonces él, visiblemente angustiado, con gesto suplicante le pide que se calle, y acaba por taparle la boca sin abandonar el acecho.

Un brik de leche, algunos yogures y del otro pasillo un puñado de nueces, ese es todo su botín. Desde mi puesto de vigilancia me recuerdo que no debería permitirlo, pero mi enemiga conciencia no deja de repetirme, “al menos esta noche dormirán con el estómago lleno”

sábado 17 de octubre de 2009

El último espejo


Está radiante el amanecer, dan ganas de no morir. O será que desde la menudencia de esta visión se arrecian los colores, o será que el abandono de mi encierro hace que germinen alas de ilusoria libertad en mi espalda, o quizás sea que a cien metros de la muerte, se desborda mi pasión por la vida.

Me devuelve a la realidad el incesante castañeo de Adelina que no consigue controlar el seísmo de sus nervios, y que yo no logro calmar por mucho que mi mano amiga se asiente sobre su rodilla.
-“Respira Adelina, disfruta de estas bocanadas de aire”, pero a Adelina le cuesta inhalar el oro que pronto no necesitaremos.

El camión detiene su cruzada, y con orden procesional nos acercamos a la pared que será nuestro último espejo. Lágrimas rubrican la tierra que despedimos, mientras, desde la otra acera de la vida oímos una desangrada voz gritar, -“Carguen, apunten, ¡¡fuego!!”.


"Mi hulmilde e insuficiente reconocimiento y homenaje a todos los que injustamente perdieron la vida frente a un pelotón de fusilamiento"

martes 13 de octubre de 2009

Noches de Boda -Joaquín Sabina-

Sus deseos, mis deseos, para todos vosotros.

sábado 3 de octubre de 2009

Amor perro


Creen que es alergia, pero es amor, estoy segura . Lo sé porque de otra manera ya hubiesen surtido efecto los antihistamínicos que me administran, y sin embargo, lejos de mejorar, parece que empeoro por día. Además, esta mañana volví a verlo y noté como se me aliviaban al instante los síntomas, como si solo él fuese mi medicina. Se acercó a mí con ese caminar gallardo y mientras yo hacía lo imposible porque no se oyeran mis latidos, él todo sensualidad me olisqueaba cada una de mis cuevas. A punto estuve de entregarme al amor, pero a dos segundos de desvanecerme, de nuevo nos segó la pasión el maldito tirón de mi correa.

viernes 25 de septiembre de 2009

Locura Voluntaria

“Verá usted, señoría, dos veces en semana, mi esposo se da una vuelta en nuestro globo aerostático, yo le ayudo a elevarse y él decide la dirección. Ayer le vi conducirse hacía el norte, dicen que la vendimia este año se ha adelantado meses, por eso del cambio climático, y supuse que fue a comprobarlo. Lo cierto es que no volvió, y a estas horas no sé nada de él.”

Cuando terminé de argumentarme hacía rato que se había dejado de oír el sonido del teclado, y mi abogado me observaba con desconcierto.

“¿Es que has olvidado el motivo de este litigio?”- me preguntó.

Entonces el juez me releyó con poco agrado la denuncia por intento de asesinato interpuesta por mi marido, que sorprendido me miraba desde el otro banco.

"Dicen que este invierno va a ser seco”, apunté serena con la vista en el jurado. Tenía que seguir intentándolo.

martes 8 de septiembre de 2009

Decisiones Irreversibles

Tantos días madurando la idea no me sirvieron de nada, cuando llegó el momento no fui capaz de hacerlo. La calle estaba despoblada y no llovía, y en la casa convenida, la puerta cerrada y el trasiego de un desayuno demasiado tempranero exhalaba chorros de calidez por la ventana de la cocina. Ni en mis mejores supuestos había contado con unas condiciones tan idóneas, sin embargo, inexplicablemente mis pasos me alejaron en la dirección contraria, y pasé de largo con la velocidad del descubierto.
Luego en mi barraca las necesidades me devolvieron el miedo y el llanto, y el trasiego de ratas hizo que maldijera mi cobardía, por eso al otro día muy de mañana volví, de nuevo la puerta estaba cerrada y el café silbando en la cocina. Subí los tres escalones, casi sin poner los pies en el suelo, mirando a mi alrededor con destreza de felino. Cuando llegué a la puerta desentumecí mis dedos, y a la vez que dejaba la cesta sobre el felpudo, pulsé el timbre un par de veces y seguí caminando como lo haría cualquier transeúnte un día cualquiera. Pasos después la oí llorar, con ese llanto que podría reconocer entre millones, pero ya era demasiado tarde para consolarla.

jueves 27 de agosto de 2009

sábado 22 de agosto de 2009

Soledad- Jorge Drexler-

Le tomo prestada esta canción a Antoñín, que fue quien nos la presentó a David, Moy y a mí en una de las tardes del taller "Niveniano", donde las medias horas de camino dieron tanto de sí.
¿Se imaginaron alguna vez hablando codo a codo con la soledad?...Jorge Drexler sí.




Soledad,
aquí están mis credenciales,
vengo llamando a tu puerta
desde hace un tiempo,
creo que pasaremos juntos temporales,
propongo que tú y yo nos vayamos conociendo.

Aquí estoy,
te traigo mis cicatrices,
palabras sobre papel pentagramado,
no te fijes mucho en lo que dicen,
me encontrarás
en cada cosa que he callado.

Ya pasó
ya he dejado que se empañe
la ilusión de que vivir es indoloro.
Que raro que seas tú
quien me acompañe, soledad,
a mi, que nunca supe bien
cómo estar solo.

viernes 14 de agosto de 2009

Promesas Nocturnas


Una luz tenue entraba por la ventana visualizando un camino de partículas de polvo que casi alcanzaba los pies de la cama. En ésta su cuerpo yacía inmóvil, unas sábanas de seda beige desechas sobre sus piernas y sus senos desnudos. Mechas de pelo cubrían parte de su cara, el resto parecía estar colocado en perfecta sincronía sobre la seda de la almohada. Su aspecto era tan sereno y abandonado que solo el liviano movimiento de su pecho descubría que no estaba muerta sino dormida. Sin poder abrir los ojos, como si tuviera cosidos los párpados con el hilo de sus pestañas, asomó a su boca una dilatada sonrisa acompañada de una leve coloración de mejillas. Estiró los brazos desperezándose y sirviéndose del movimiento tanteó los lados deshabitados de la cama, con más insistencia y ofuscación a medida que se cercioraba de su soledad. La ansiedad se apoderó de ella y en segundos su sonrisa se desvaneció por completo y con los ojos aún cerrados, rodaron lágrimas de angustia en la dirección que marcaba la inclinación de su cabeza...De nuevo la crueldad de un amanecer le descubría la mentira de las promesas nocturnas.

sábado 1 de agosto de 2009

El árbol de la vida

Sobre las cuatro de la tarde, cuando todos dormían la siesta, la niña buscaba la vieja silla de enea, donde sabía que lo encontraría dormitando y le pedía, susurrándole la promesa de que sería la última vez, que la llevase a ver el árbol de la vida.
Ella sabía que era un ciruelo, y que los frutos que su abuelo decía aseguraban un largo vivir, no eran más que simples y agriculces ciruelas, pero nunca le desveló su certeza por el miedo a que dejara de acompañarla, y así, cada tarde, bajo la sombra del árbol, comían de aquella fuente de inmortalidad mientras él contaba otra de sus historias reales, y al marcharse, idéntico ritual; el dedo índice sellando los labios y la misma frase "este siempre será nuestro secreto".

Muchos años después, ya mujer, cuando se deshizo de los ojos reales de la inocencia, dejó de ver ciruelas, y al fin entendió que su abuelo no mentía.

Dedicado a mi abuelo Tomás, que en el umbral de sus 98 años, mantiene intactas sus ganas de vivir. Ojalá nunca falten ciruelas en el árbol de su vida.

lunes 27 de julio de 2009

Instrucciones para el olvido


Mientras hacía sus maletas, busqué en el cajón del mueble de la tele, donde guardo todos los manuales, las instrucciones para olvidar que un día, no mucho tiempo atrás, guardé segura de que no volvería a necesitarlas. Todavía en la primera página guardaba seca una flor, ya no olía, y en la segunda el título: “Manual de instrucciones para el olvido”. Con el librillo entre las manos para que no se cerrara, me asomé al rellano de la escalera y dirigiendo la voz a un punto indefinido por encima de mí, pregunté: “¿Luis, estás seguro de que no vas a volver?”
“Más que nunca" -me dijo.
Sin duda esta vez lo decía en serio. Me serví una copa, me acomodé en el sofá y seguí leyendo.

lunes 20 de julio de 2009

Ahora Que -Joaquin Sabina-


Ahora que tengo un alma que perder
Ahora que no te debo ni me debes
Ahora que me perfumo cada día
Ahora que nos mojamos cuando llueve
Ahora que no te engaño todavía
Ahora que parecemos colegiales
Ahora que sale gratis ser feliz
Ahora que no me culpas de tus males
Ahora que me han devuelto el mes de Abril
Ahora que nos besamos en los parques
Ahora que hacemos tantas tonterías
Ahora que estas a tiempo de olvidarme
Ahora que no te quiero todavía.

domingo 12 de julio de 2009

Querer perdonar

Abrió la puerta y se volvió reclamando el abrazo que a mí no me apetecía darle, pero entonces recordé las sabias palabras de mi madre que siempre me decía; “niña, no hay mayor venganza que el perdón”, y sumando toda la hipocresía que aprendí en la calle, le di dos besos de refilón y lo abracé mirando a un sitio cualquiera. Bajó los siete escalones como si los estuviese contando, y cruzó la calle más encorvado que animal bajo un chaparrón de piedras, pero no me dio pena. Quise llorar, sentir vacío, tener necesidad, arrepentirme, pero no derramé ni una lágrima por más que obligué a mis ojos, ni acudió a mí ni un solo gramo de tristeza.
Cinco días más tarde volvió, con barba de cinco días. "No tengo a dónde ir, hija", me dijo, como si yo no lo supiera.
Y de nuevo callé mis recuerdos, obvié mi niñez rota, mi pies desnudos, mi mano tendida, las suyas en mi cuerpo, el frío y el miedo y pensando que mi madre donde estuviese me lo agradecería, le dejé pasar.

jueves 9 de julio de 2009

La matanza de Texas -Noticias Amnistía Internacional-


La nueva matanza de Texas no es otra película de miedo. Es la historia de una matanza real que ha dejado más de 200 muertos en el estado de Texas, en Estados Unidos, en menos de 10 años.

La macabra historia de un gobernador, Rick Perry, que ya es responsable de casi la mitad de las ejecuciones que se han practicado en Texas desde que hace más de 30 años se implantó la pena de muerte. Y eso es una matanza en toda regla. Una matanza a sangre fría, programada y lamentablemente legal.

Entre las ejecuciones que ha firmado Rick Perry, hay personas con enfermedades mentales, personas extranjeras privadas de derechos consulares y personas cuya inocencia ha quedado demostrada después de la ejecución.

Las ejecuciones han sido públicas y con inyección letal: un sistema que a la vez que proporciona una muerte lenta y terrible, paraliza al condenado con drogas e hipócritamente ofrece al espectador una falsa apariencia de muerte indolora.

Es una historia monstruosa que ocurre abiertamente en un estado que se presenta como estado de derecho y resulta que viola el más fundamental de los derechos: el derecho a la vida.

¡Ayúdanos a parar esta matanza! Firma la petición al gobernador de Texas. Entre todos podemos hacerlo.

lunes 29 de junio de 2009

Contra la Intolerancia

Porque inexplicablemente todavía hay países que persiguen y castigan la homosexualidad.


viernes 26 de junio de 2009

Se acabó

Sabía que todo lo que iba componiendo sus cuerdas vocales era parte de su artimaña para convencerme, una vez más, de su legendaria inocencia, por eso esta vez, más que endulzarme, su enjambre de halagos me estaban empalagando.
-Basta- le dije- que hasta la cabeza me duele de escucharte. No digas más tonterías.
Clavó sus niñas en las mías, y en su cara leí el desespero de quien sabe que acaba de perderlo todo, porque jamás levanté la voz, jamás una evidencia de mi repulsa, y con la ira por mi rebeldía calcó las líneas de su mano en una de mis mejillas.
Y en aquel momento me juré que no habría quintas partes, ni sábanas grandes, ni dos titulares, ni calzoncillos en mi tendedero.

miércoles 17 de junio de 2009

Santa, Santana y Satanás

Cuando viera su dibujo sobre la Inmaculada Concepción se echaría a reír, como siempre hacía. No entendíamos qué gracia le hacía al primo Santana la imagen trágica de aquella virgen grafiteada, a sabiendas de que le costó más de un disgusto aquel capricho vandálico del 86, donde no sólo hizo añicos las figuras de decenas de dioses y vírgenes inertes, sino que prendió fuego hasta a la túnica negra del capellán. Como ya esperábamos rió a carcajadas reluciendo como nunca sus ojos tintos al reconocer los últimos resquicios de su fechoría. Cuando se hartó, volvió a despedirse de nosotros, mientras, travieso, me pinchaba una nalga con su tridente.