sábado, 20 de diciembre de 2008

Breve Historia de Amor

Doña Pilar Sánchez de Lozada nació en la ciudad vallisoletana de Medina de Rioseco, y tenía la respetable edad de treinta años cuando dieron su mano, y la promesa del resto de su cuerpo, al reconocido notario de la provincia de Salamanca, don Francisco Sáez de Montoro. Decían indiscretos rumores que, aún estando comprometida, se veía en las noches cerradas, cuando todos dormían, con un muchacho del que sólo se adivinaba su baja estirpe y su corta edad. No debieron ser inciertas las habladurías porque el día en el que estaba previsto el casamiento, la señorita salió de casa bien temprano y, para asombro de las sirvientas que la aguardaban para engalanarla, no volvió. Dicen que, semejante disgusto, hizo que Don Francisco, que tenía más abolengo que altura, cabalgara durante una hora sin descanso para aventurarse en la ardua tarea de hallar a su prometida. Los encontró a varios kilómetros, todavía portaban el sudor de las prisas y el ropaje fuera de lugar. El humillado comprometido, ciego de ira, pensó en cien castigos que limpiaran su hombría, pero optó por el que creyó más efectivo; llevar en la grupa de su caballo al lampiño para así administrarle el castigo en un lugar adecuado para tal fin, y dejar que su infiel futura desanduviera a pie el camino.
Nunca se supo que pasó en el trayecto para que no volvieran a su destino. Las malas lenguas dijeron que los encantos del joven abrumaron también a Don Francisco, y que los vieron dándose muestras de amor escondido y que Doña Pilar, que volvió sola, cansada y herida, lloraba más por la vergüenza que por el castigo de Don Francisco.

3 comentarios:

genialsiempre dijo...

Es que Don Freancisco no pudo resistirse a un culito respingón y se abstuvo de mirar las partes delanteras. Delicioso relato una vez más.

José María

Pedro dijo...

Me encantan tus relatos. Breves pero intensos, y con final sorprendente. ¡Qué más se puede pedir!
No pare, no pares.
Besos y felices fiestas.

JUAN dijo...

¡Qué poco prácticos!, con lo bien que lo hubieran solucionado todo con un amigable ménage à trois.