martes, 8 de septiembre de 2009

Decisiones Irreversibles

Tantos días madurando la idea no me sirvieron de nada, cuando llegó el momento no fui capaz de hacerlo. La calle estaba despoblada y no llovía, y en la casa convenida, la puerta cerrada y el trasiego de un desayuno demasiado tempranero exhalaba chorros de calidez por la ventana de la cocina. Ni en mis mejores supuestos había contado con unas condiciones tan idóneas, sin embargo, inexplicablemente mis pasos me alejaron en la dirección contraria, y pasé de largo con la velocidad del descubierto.
Luego en mi barraca las necesidades me devolvieron el miedo y el llanto, y el trasiego de ratas hizo que maldijera mi cobardía, por eso al otro día muy de mañana volví, de nuevo la puerta estaba cerrada y el café silbando en la cocina. Subí los tres escalones, casi sin poner los pies en el suelo, mirando a mi alrededor con destreza de felino. Cuando llegué a la puerta desentumecí mis dedos, y a la vez que dejaba la cesta sobre el felpudo, pulsé el timbre un par de veces y seguí caminando como lo haría cualquier transeúnte un día cualquiera. Pasos después la oí llorar, con ese llanto que podría reconocer entre millones, pero ya era demasiado tarde para consolarla.

13 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

Un gusto pasar a leerte..

Un abrazo
Saludos fraternos

Alinando dijo...

¿Y a mí? ¿Quién me consuela a mí ahora? ¿Quién me quita el nudo de la garganta que me ha dejado esa micurria con su llanto...?

María Dolores dijo...

Hola Carmen:

Lo que más me gusta de ti es que no escribes hasta que has madurado una idea.

Me encanta tu modo de redactar y todo lo que dices en tan poquísimo espacio.

Otra vez me has emocionado y es que chica, cómo no no pensar en las decisiones tomadas y en lo que hubiera ocurrido sí...

Ahora te toca trabajar, así que vamos a ver cómo te las apañas para deshacer nudos en la garganta porque a mí también me has dejado uno.

Un beso irreversible,

Loli.

Pedro dijo...

Cómo lo haces para dejarnos siempre tan acongojados. Y el caso es que engancha y todo.
Una artista.

Besos.

Pedro dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Tomasson dijo...

ni siquiera esa mujer cargada de miedo podría tener la congoja que siento yo ahora sin ni siquiera haber dejado una cría en un portal de un pudiente. Un beso

Anatxu dijo...

No se que me produce más escozor, si lo salado de mis lágrimas o el dolor del corazón.
Como madre, admiro a tu protagonista por que hay que tener mucho valor y querer mucho para hacer lo que ella ha hecho.
Lo mejor para los hijos, siempre lo mejor.

Buscador de buscadores dijo...

Afortunadamente, la realidad es un poco más favorable y reversible: siempre queda al menos un aliento entre la decisión y el hecho consumado.

Un placer leerte. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Tus historias siempre me gustan ,

esta ademas me ha traspasado.

felicidades.


Un abrazo



esta ademas me traspasa

genialsiempre dijo...

Una vez más consigues poner el dedo en el corazón del lector, y se lee de un tirón, esperando el desenlace, y cuando llega...quieres más.
¿Se puede escribir mejor?, creo que no

José María

DEMOFILA dijo...

Al leerte parecía que estaba viviendo ese momento tan trágico para una madre, casi he llorado, una entrada muy, pero que muy triste, y real a la vez, alguna vez ha pasado en la vida real.

Me ha dado mucha alegría verte en mi blog, no sé mucho de economía, pero creo que llevas razón, que esto no lo arregla ni un milagro, todo sale de nuestros impuestos, y ya pagamos bastantes.

Felicidades por esta maravillosa entrada, eres una narradora estupenda, un beso, volveré a visitarte.

Equilibrista dijo...

Bueno, Carmen, muchacha, qué te digo ya? qué arte, joé! como has retratado esa sensación de angustia y ese mar de dudas, llevandonos de la mano del misterio, y destapando el velo que cubría la cesta al final...

eres una micro-especialista
besotes
deivid

María dijo...

Hacía mucho tiempo que no pasaba por aquí y tengo la sensación de que no pasó ni un solo día, me vuelves a emocionar, me vuelve a calar el misterio, me vuelve a encantar tu concisión.
Un abrazo.