domingo, 15 de febrero de 2009

Otra vez esta Pesadilla


La niña del aparato en la boca guardaba un escorpión vivo dentro de una caja de zapatos, la del traje azul turquesa lucía un par de viscosos caracoles pegados a su cabeza, la de la trenza dorada un zapato de cada color y la que se sentaba en el alféizar de la ventana cargaba una muñeca decapitada con los brazos hacia atrás y el vestido raído. Todas se mantenían con la cabeza gacha, dos de ellas jugaban, las otras dos tan solo se miraban las manos con el interés de quien ha descubierto un tesoro. Sus cuerpos eran delgados hasta la escualidez y la humedad de aquellas paredes fomentaba sus poses encorvadas. Pude adivinar la palidez de sus pieles a través de la maraña de pelo fino y encrespado que cubría la casi totalidad de sus rostros.
El desolador espectáculo me mantuvo un instante parada en la puerta con la mirada perdida en aquellas figuras casi inertes, pero ninguna de ellas se percató de mi presencia hasta que un involuntario carraspeo las despertó de su ensimismamiento y al unísono me devolvieron sus miradas amenazantes que me hicieron reaccionar al instante obligándome a avanzar, acercándome con cautela felina, intentando disimular con media risa la turbación que empezaba a dominarme. A medida que me adentraba en su mundo frío, el aire se hacía más denso y el olor a rancio se tornaba insoportable.
Como si accionase con la última de mis pisadas algún mecanismo oculto en el centro de la sala, las niñas se levantaron de súbito y tras unos segundos de vacilación, dirigieron sus pasos cansinos en la dirección donde yo quedé paralizada. Me pareció que me observaban, pero tres pasos después confirmé que sus ojos no eran más que inexpresivas cuencas vacías. El terror se adueñó de mi voluntad y mis piernas respondieron deshaciendo el poco camino recorrido. Solo cuando mi espalda besó demasiado pronto la puerta cerrada, tuve conciencia de que las paredes se estaban acercando, y que en cuestión de segundos el espacio se había reducido notablemente. Fue entonces, para colmo de mi angustia, cuando las niñas empezaron a entonar una canción ininteligible sin interrumpir su aproximación. Sin poder hacer nada por zafarme, esperé impaciente, sudando olor a miedo, hasta que tuve aquellos rostros espectrales a la altura de mi pecho. Durante unos segundos interminables permanecieron frente a mí, alzando gradualmente la voz, haciendo que el ritmo de sus voces me helara los huesos. Una de las niñas izó su brazo izquierdo con la lentitud de un predador al acecho, y cuando sus dedos enclenques se acercaron a mi rostro cerré los ojos tan fuerte como pude esperando sentir el tacto glacial.


Desperté sobresaltada y con tal desconcierto, que tardé bastante en atinar a pulsar la tecla que silenciaba el estridente aparato que me devolvió a la consciencia. Cuando logré incorporarme todavía me temblaba el cuerpo aunque no era la primera vez que tenía aquella espantosa pesadilla desde que, una semana atrás, me habían comunicado que el expediente de adopción fue resuelto favorablemente. Aquella mañana me duché con agua tibia y tomé una taza de café sin azúcar aún con el albornoz puesto y una toalla envolviendo mi cabeza mientras me concentraba en la idea de que, en apenas dos horas, la paz obligada de mi casa y mi vida sería desbaratada. La ilusión por el encuentro tan esperado me enervó repentinamente, y aunque intenté tranquilizarme, no conseguí más que levantarme sin acabar el café, y acicalarme con la prisa de una novia torpe. Media hora antes de la acordada entré por la puerta principal del orfanato, una menuda mujer uniformada me acompañó hasta una sala desierta. En cinco horas de espera y diecisiete minutos de reloj me anunciaron, con nombre y primer apellido, que la hija que no parí me estaba esperando. Crucé el pasillo con la emoción que me sala las mejillas y entré en aquella habitación sosteniendo el aire en los pulmones. Allí estaba ella, la niña del aparato en la boca, la que guardaba un escorpión vivo dentro de una caja de zapatos.

6 comentarios:

Tomasson dijo...

sobresaliente, como siempre sueles hacerlo. Un beso

genialsiempre dijo...

Emocionante, sorprendente, intrigante..., digno de un argumento de Alfred Hickotch, o de una novela de Stephen Kig.
¿Porque no te animas a escribir algo más largo?.

José María

Pedro dijo...

Si sigues así voy a tener que optar por dejar de leerte. Aún me tiemblan las piernas. Esta noche no duermo seguro, y menos mal que aún falta mucho para que tengamos que recoger nuestro hijo/a adoptivo si no.... iba a ir Rita.

Equilibrista dijo...

Uf... escalofriante relato gótico... me he imaginado a las niñas como gothic dolls cantando con una voz fantasmagórica en plan película de miedo... me ha gustado mucho, Carmen, de verdad...

David

Carmen dijo...

Gracias gracias gracias, con vuestros ánimos merece mucho la pena seguir intentándolo.

Pedro dijo...

Inquietante, imágenes directas, muy visuales, un magnífico relato. Felicidades!!!