sábado, 1 de agosto de 2009

El árbol de la vida

Sobre las cuatro de la tarde, cuando todos dormían la siesta, la niña buscaba la vieja silla de enea, donde sabía que lo encontraría dormitando y le pedía, susurrándole la promesa de que sería la última vez, que la llevase a ver el árbol de la vida.
Ella sabía que era un ciruelo, y que los frutos que su abuelo decía aseguraban un largo vivir, no eran más que simples y agriculces ciruelas, pero nunca le desveló su certeza por el miedo a que dejara de acompañarla, y así, cada tarde, bajo la sombra del árbol, comían de aquella fuente de inmortalidad mientras él contaba otra de sus historias reales, y al marcharse, idéntico ritual; el dedo índice sellando los labios y la misma frase "este siempre será nuestro secreto".

Muchos años después, ya mujer, cuando se deshizo de los ojos reales de la inocencia, dejó de ver ciruelas, y al fin entendió que su abuelo no mentía.

Dedicado a mi abuelo Tomás, que en el umbral de sus 98 años, mantiene intactas sus ganas de vivir. Ojalá nunca falten ciruelas en el árbol de su vida.

17 comentarios:

Anónimo dijo...

si nos enseñan a ver la magia que encierran las cosas, !cómo no vas a escribir versos heredados y hermosos...Fita

Tomasson dijo...

Sabes sacar jugo a las palabras como el abuelo al árbol de la vida. Quizás sean ciruelas o peras o higos pero el árbol de la vida lo tiene bien oculto abuelo en cualquier parte de su corazón. Besazo

genialsiempre dijo...

El abuelo Tomás supo enseñarte bien y su nieta ha sabido sacar proveco de ello. Todavía Tomás está con plena conciencia para saber que esto es así, !que alegría tan grande debe sentir al verte y escucharte!.

Un beso,

José María

María Dolores dijo...

¡Dios mío, que dos lagrminones se me han caído! Que hermoso relato Carmen. ¿Sabes? Yo también tengo mi árbol de la vida, no es un ciruelo, es un regalo de amigos que tal vez me hayas visto puesto pero es lo más bonito que me han regalado nunca por su significado.
No tuve la suerte de tener un abuelo como el tuyo, pero me has recordado a mi padre. Leerte siempre me causa gran placer, esta vez va unido a una emoción incalculable. Gracias y enhorabuena,

Loli.

Pilar dijo...

quien pudira tener un abuelo y ademas escribir así de bien , felicidades eres afortunada

Víctor Crespo Camino dijo...

Quizá lo que imaginamos tenga la capacidad de llegar a ser real, quizá nuestra mente nos muestre el camino de lo posible porque millones son las posibilidades en este Universo infinito.
Un bonito homenaje a una persona mayor.
Besos.

Eduardo Flores dijo...

Sólo decir que este estupendo relato no hace más que reafirmar mi sentido de la libertad. Tal vez o, seguramente, no fue concebido al ritmo de esa palabra tan mayor y tan niña, pero veo a esa niña, ya mujer, una criatura tan consciente de su libertad que ya puede ver la magia en lo que en su niñez eran meras ciruelas.

Un saludo,
Eduardo Flores.

Eva T dijo...

qué reveladoras y bonitas son las palabras cuando las sacamos de nuestros propios cofres del tesoro

qué mejor árbol de ciruelas que un abuelo

ABRIL dijo...

Que bonito tu relato y que envidia me das. Nunca tuve a nadie que me enseñara. Déjame acompañarte a ver el árbol de la vida y besa a tu abuelo de mi parte.
Un beso también para ti. Te sigo.

ABRIL dijo...

Uysss Carmen, que por más que te busco entre los que tienen la amabilidad de acompañarme, no te veo.
Besos y gracias.

Equilibrista dijo...

Lo orgullosa que tienes que estar de tener un abuelo que te enseñara la magia, y lo orgulloso que tiene que estar tu abuelo de tener una nieta como tú, que sabes verla escribirla. Qué bonito, Carmen.

Fragua de vida
por los tubos de savia
derrites pólenes
soplas ciruelas

besos

El vecino de enfrente dijo...

¡Hombre! Don Tomás, qué bien ha salido en la foto.

Entrañable complicidad entre la plena madurez de los años y la más tierna e inocente infancia, que les permitía jugar con historias y fantasías, pero que al final, quién sabe, algo debían tener aquellas ciruelas que han hecho alcanzar al abuelo tal longevidad.

Pienso que es enriquecedor y gratificante gozar de la presencia de aquellos seres que han bebido la savia del árbol de la vida y han sabido dar su tiempo a los demás.

Envidiable regalo de la Naturaleza.

Ana Márquez dijo...

Me has hecho llorar, y eso no te lo permito.... :-)

Eres un encanto y tus textos breves también.

Dos besos. Uno para ti, otro para tu abuelo.

Buscador de buscadores dijo...

Es un relato muy hermoso.
Mis felicitaciones, desde Chiclana.

http://elocasodelamirada.blogspot.com

Raquelilla dijo...

y lo que disfrutamos esa noche con sus historias, sobre todo Berta. Un besote grande para tu abuelo.

Anónimo dijo...

Amamos las catedrales antiguas, los muebles antiguos, las monedas antiguas, los viejos diccionarios e impresiones, pero nos hemos olvidado por completo de la belleza de los ancianos. Pienso que una apreciación de ese tipo de belleza es esencial para nuestra existencia, pues me parece que la belleza es lo que está viejo, maduro y bien ahumado. BESOS

Francisco Sánchez Ortega dijo...

Carmen es tu abuelo, lo que pasa es que la foto está desenfocada. Una vez cocido en el horno ya se lo dejaré a tu padre.
He leido algo de tu blog y la verdad es que no sabía que escribieras tan bién.